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Las ciencias y las artes son entendidas casi universalmente como mundos disjuntos, como producciones de la mente humana prácticamente antagónicas.

Esta concepción cerrada, dual, del conocimiento representa quizá una fractura del utilitarismo frente al humanismo, del pensamiento necesario frente al filosófico, de lo tangible frente a lo abstracto. Esta fractura, esta dualidad, aparece por doquier en el pensamiento occidental (global) y se nos instruye en sus reglas desde temprana edad. Ciencias o Letras ha sido, y es, quizá la
primera decisión académica de peso que cualquier estudiante ha de tomar, condicionando poderosamente su desarrollo profesional. Esta brecha existe aunque, paradójicamente, es ficticia.

Arte y Ciencia, Técnica y Tecnología, todo surge de un mismo germen: la idea. Las ideas como cristalizaciones del ingenio, de la creatividad, que surgen cuando existe un diferencial crítico entre el conocimiento y la incertidumbre, en ese espacio entre lo posible y lo desconocido. Como expresiones culturales que son, Arte y Ciencia no están encapsulados en conjuntos independientes: se tocan, se entremezclan y, a menudo de manera explícita, se completan.

Existe belleza en los números. Las proporciones geométricas de un dibujo y los patrones ondulatorios de una sinfonía son equiparables a la espectacularidad de las formas fractales y la armonía de los cantos de las aves. La Naturaleza ha sido y es inspiración artística. El Arte, por su parte, es un producto innegable de nuestros atributos naturales.

No en vano, la distinción entre Arte y Ciencia queda difuminada en las obras de Goethe y en las espectaculares ilustraciones de Haeckel, en la poderosa prosa de D’Arcy Thompson y los elegantes experimentos de De Marian, en las pinturas de Dalí y los dibujos de Escher.

La Ciencia, en su máxima expresión,
es el Arte de comprender la Naturaleza. 

Un arte ceñido a unos métodos y unos criterios, haciendo uso de herramientas tecnológicas que explotan las limitaciones de nuestros sentidos. Pero, ¿acaso no podemos decir lo mismo de otras artes como son la música o el diseño, la escenografía o la literatura?

Cuando desde BioCoRe planteamos esta propuesta educativa dispusimos romper los límites del aprendizaje reglado, más allá de las materias artificiales, de las barreras idiomáticas tecnológicas, de los sistemas de adquisición formal de conocimiento. No se nos ocurre un mejor escenario posible para que se de este suceso maravilloso que en un espacio de transferencia entre el Arte y la Tecnología como es MediaLab-Prado.