[Relatos del Botánico] Una mañana en el Botánico.

 

“Grande, pequeña”; me muestras algo.
“Lisa, rugosa”; me enseñas un universo desconocido.
“Rígida, flexible”; tratas de iluminarme en un mundo en el que no habito.
“Húmeda, seca”; sinfonía de sensaciones, formas, olores, tactos diferentes a los míos.
“Larga, corta”; regalas música cuando te meces con el viento.
“Redondeada, alargada”; gozas con la lluvia que te moja.
“Áspera, suave”; acoges al sol en todos tus miembros.
“Caliente, fría”; cobijas en sombras placenteras.
“Olorosa, inodora”; atraes a otros seres.
“Dura, blanda”; los alimentas.
“Verde, roja”; te aprovechas de ellos para derramar tu simiente.
“Amenazadora, amable”; penetras en las oscuridades terrestres con tus tentáculos.
“Veteada, uniforme”; buscando en ellas parte de tu sustento.
“Esponjosa, compacta”; te elevas por el aire cual mariposas, jabalinas o fuegos artificiales.
“Tolerante, severa”; buscando la luz que te alimenta.
“Oscura, clara”; ¿te conozco más?
“Amarga, dulce”; ¿aparte de lo que huelo, veo, oigo, toco o saboreo?
“Orgullosa, humilde”; acercándome a ti de otra manera.
“Soñadora, despierta”; adentrándome en tus habitaciones.
“Majestuosa, sencilla”; desvelando el baile que allí se produce.
“Fértil, estéril”; revelando todo aquello que eres capaz de ser, de dar.

Rosa Morán

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