Procesamiento orgánico

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PROCESAMIENTO ORGÁNICO.

La construcción de lo ideal como un fenómeno adscrito a la materia.

[Apuntes para una publicación]

Rubén González y Daniel Heredia


“Un hombre de negocios no cambiará jamás un beneficio real por la comprensión de lo que realmente eso puede ser.”

E.V. Ilienkov.


Cuando nos planteamos dialogar sobre la construcción de lo ideal como un fenómeno exclusivamente adscrito a la materia, lo hacemos para poder establecer algunas relaciones fundamentales que hacen de la historia el único marco para poder generar conocimientos, o por el contrario, evaluar las condiciones necesarias y suficientes para hacerlos, vislumbrando aquellos escenarios sujetos exclusivamente a la ordenación material. Analizar, si en el acumulo del todo sucedido en el devenir de la historia natural se encuentra la síntesis material para la formación de los fenómenos posibles que se han producido en el recorrido de la evolución y cómo se han adscrito a las formas usadas por el pensamiento, en una aproximación para evaluar los elementos que nos permiten conformar la razón y sus actuales marcos lógicos; y en consecuencia, la práctica de una ciencia a través del desarrollo teórico. ¿Dónde, qué y quién piensa, cómo se procesa la materia? ¿Podemos plantear como hipótesis posible que la totalidad de los metabolismos orgánicos se inscriben en un entramado de desarrollos teóricos para procesar el conjunto de materia? ¿Cómo sucede esta cadena de interdependencia ordenadora para la conformación de los actuales cuerpos pensantes?

Para intentar introducirnos en estos océanos relacionales debemos establecer las referencias que nos ayuden a fundamentar el desarrollo de la ciencia como un ejercicio vinculado a una razón que discurre desde lo abstracto a lo concreto; una posición que nos ayuda a vincular el desarrollo del ejercicio científico con la actividad productiva humana como la forma del conocimiento que nos permite conformar un determinado sistema organizado de relaciones, o dicho de otra manera, un orden social2. Esto nos compromete a relacionar el desarrollo de la ciencia como un proceso histórico natural, recordando que el análisis crítico de los conceptos es imposible fuera del análisis de los hechos; del mismo modo que el análisis teórico de los hechos es imposible si no se dispone de conceptos por los cuales se puedan expresar. Esto determina que el proceso histórico natural señala el límite de las ideas sobre las que podemos desarrollar nuestros nuevos modelos conceptuales y que es a raíz de un proceso de desarrollo teórico sobre el histórico material desde donde conformamos nuestro pensamiento crítico y no desde la evasión a alguna de sus formas. Esta significación, tan elemental, determina la elección que hacemos de una época, la victoriana, presa del ejercicio empírico filosófico de uno de los primeros teóricos de la economía política: Locke. Esta elección la hacemos porque nos permite señalar los fundamentos de este particular entramado y sumarnos al diálogo de los artículos publicados con anterioridad para esta serie3. Veamos cómo podemos establecer este proceso.

Los puntos de vista de Locke fueron el eslabón intermedio entre el empirismo filosófico inglés y la teoría naciente de la riqueza. Es a través de este pensador como la economía política adopta los principios metodológicos fundamentales del empirismo y los reduce a la particularidad de las formas analítico inductivas que establecen la reducción de los fenómenos complejos en unidades compartamentales simples para una forma particular de adquisición/comprensión. A partir de aquí se establecen la facultad de entendimiento y en consecuencia los límites de un juicio racional para la conformación de un nuevo orden social, el representado por una burguesía, que lo asume de base para todas las representaciones del pensamiento económico ulterior en Inglaterra.

Este proceso analítico inductivo es el que determina el nuevo comportamiento naturalizado para la formación del juicio. La tarea de distinción y discriminación analítica en componentes abstractos elementales, la tarea de descomposición de los sucesos empíricos [los hechos], suponía el criterio natural de formación para el proceso razonador, distinguiendo estas formas lógicas como las “correspondientes a la naturaleza de los hombres”, “a la naturaleza eterna y verdadera del hombre”, eliminando al resto como “inauténticas”. Es aquí donde podemos localizar uno de los principios rectores que sitúan la particular visión distinguida sobre la naturaleza del hombre y su relación de cara al establecimiento del futuro orden social. Esto, que permitía generar el principio motor para un nuevo mundo de las ideas, en realidad, constituía un esfuerzo que no lograba situar los principios sobre los que asentar un procedimiento reproductivo para el modelo de la formada burguesía. Más adelante veremos dónde encontramos la síntesis para este nuevo orden social. Hasta aquí, solo permitía determinar el constructo de sus ideales y ordenar la posición de todas aquellas categorías elementales para la constitución de la horquilla de representaciones jurídicas dispuestas para el nuevo sapiens sapiens y describir una forma lógica en torno a un primer principio de diferenciación: naturaleza y sociedad. ¿Por qué esta separación? ¿Cómo se concreta la materialidad de esta idea?

Esta forma obliga a establecer a la sociedad, el orden social, como el cuerpo necesario para gestión sobre la totalidad de los recursos naturales. Esto crea una relación de dependencia entre los elementos adscritos a la naturaleza y las sociedades que se ordenan en relación a los recursos de extracción y producción derivados a partir de ella. Esta relación señaliza al cuerpo pensante humano como un sujeto vertebrador de la actividad productiva y lo distingue como un animal político económico, que conforma todo el pensamiento necesario y la razón adscrita a la realidad, como representación del momento histórico sobre el que produce, fruto de las capacidades técnicas instrumentales y de las habilidades que le permiten transformar al conjunto total de la materia, y en consecuencia, desarrollar un nuevo marco de categorías. ¿Cómo se logra este cometido? Es a partir de aquí, de la dicotomía forzada [división de un concepto o una materia teórica en dos aspectos] por la incursión de un cuerpo teórico, donde encontramos la síntesis que señala el vínculo orgánico para la reproducción del nuevo orden social. Como apuntaba Ricardo, en palabras de Marx, “la base, el punto de partida del sistema burgués, – para comprender su vínculo orgánico interno y su proceso vital – es la definición del valor por el tiempo de trabajo.” Esta pequeña reflexión nos permite establecer la relación elemental entre la ciencia y el modelo de producción, como un elemento fundamental para entender las dependencias vinculadas a la adquisición de conocimiento y la vinculación necesaria de una forma lógica, la dialéctica, dado que el punto de vista de Ricardo no consistía en reducir los fenómenos complejos a la serie de sus componentes simples, sino deducir todos los fenómenos complejos de una sola sustancia simple. Esto obligaba a deducir las determinaciones teóricas de un principio estrictamente pensado. O cómo una forma ideal es capaz adherirse a la materia.

¿Qué queremos decir con lo estrictamente pensado? ¿Qué es lo pensado? Siguiente obstáculo, siguiente salto. Intentemos establecer coherencia argumental. Lancemos una hipótesis; atribuyamos al esfuerzo intelectual unos niveles de gasto [escala] metabólico celular4 asociado al raciocinio o desempeño de la razón, y que este desempeño se encuentra en un estadio evolutivo con un elevado número de elementos combinatorios, dado su gran número de estructuras representativas, simbólicas y abstractas que se aplican en el ejercicio de lo cognoscible [aquello que se puede conocer]; De ser así, es objeto de alta relevancia científica todo precepto que la capacidad racional humana no puede escrutar o procesar sobre las actuales estructuras lógicas, ya sean estas bajo el plano de las [lógicas] formales, de las [lógicas] difusas o paraconsistentes; todas, en apariencia, incapacitadas para describir las leyes que gobiernan algunas verdades objetivas, entendidas estas como materia5o categoría existente para designar a la realidad que existe con independencia de la conciencia. Lo pensado es un producto consecuente del procesamiento orgánico sobre la información metabolizada por un sistema. En definitiva, cómo un cuerpo conforma una idea.

Consideramos que el problema del procesamiento orgánico está dentro de este marco de actividad intelectual ingobernable por los actuales límites de la racionalidad. Esto hace que la hipótesis planteada con anterioridad sitúe a la dialéctica como un marco fundamental para el desarrollo teórico. Desde aquí pretendemos incorporar criterios y procesos a una actividad consciente de su inconsistencia y aludir a la esfera de la economía del pensamiento como elemento propio de la ciencia y señalar su intención última como “una experiencia dispuesta en orden económico”6y a este orden último, definirlo como pensamiento necesario. ¿Qué sucede cuando los elementos necesarios no son comprendidos por ninguna de las bases lógicas reconocidas, preexistentes o, en definitiva, por aquellas reglas racionales establecidas por la comunidad humana? Si este fuera el caso podríamos tener el atrevimiento de afirmar que no existen procesos metabólicos asociados para ciertas funciones lógicas, es decir, que carecemos de las estructuras funcionales orgánicas [o biológicas] necesarias para procesar aquellos sistemas de información ordenados con determinado número de proposiciones y de las reglas subsecuentes o derivadas en otros sistemas [subsistemas] y, por lo tanto, sistemas exentos de las descripciones lógicamente ordenadas de aquellos elementos que constituyen nuestro conocimiento, es decir, que definen los límites de la actual racionalidad y por lo tanto de nuestra frontera científica.

De ser así, podríamos atrevernos nuevamente a decir que, o bien esta experiencia dispuesta en orden económico no presenta una estructura racional para nuestras actuales funciones orgánicas, o bien, estas [funciones] se ven carentes de la historia [materia histórica] necesaria para establecer un nuevo orden lógico y valorar si estamos dispuestos a referenciar a la lógica como la síntesis de la historia.

Para incidir sobre esto, existe un argumento que no debemos dejar de señalar; este se refiere a la acumulación de conocimiento como fórmula ideada por la historia para garantizar una creciente reserva de datos, como variable indispensable para aplicar modos cada vez mas rigurosos y/o ingeniosos de pensamiento. Esta tesis lanzada por Francis Bacon, no deja de responder a una idea que podemos desplegar bajo el concepto relativo a la creación y paulatina acumulación de datos, del mismo modo que el capital económico se acumula en un sistema bajo las formulas capitalistas. Este sencillo dilema es de especial relevancia para nosotras, dado que situó el debate en las fórmulas de extracción y producción de datos como fuente indispensable para la producción y reproducción de pensamientos.

No es de extrañar que desde algunas escuelas marxistas hayan sido especialmente críticos con respecto a este concepto; el dato, no deja de ser una reducción de fenómenos complejos a una serie de componentes simples para poder ser utilizados. Este particular no se aleja en nada de la lectura que se debe hacer con relación a la construcción de la razón y consecuentemente a la línea temporal encargada de relatar las hazañas de su lógica: a la ciencia, una historia que ya se vio obligada a explicar el ejercicio de progresión histórica incorporando el concepto paradigmático; un modismo que dejaba de lado el concepto de mera acumulación y el análisis sobre estos objetos de pensamiento acumulados. ¿Pero qué es esto de los paradigmas? Veremos que más que aportar elementos capaces de construir un marco referenciado que fortalezca el principio de materialidad del conocimiento, ahonda en las esferas relativizadoras de sus teorías y en consecuencia en las mismas carencias arrastradas hasta la fecha por el nuevo y tan reconocido agnosticismo académico, que aún impera. Y ya sabemos que de rascar a un agnóstico obtendremos a un idealista.

Kuhn, persona que acuña el término, parece afinar a la perfección a la hora de describir las posibilidades de realizar marcos referenciales que operen como conformadores conceptuales en una comunidad dada: “realizaciones científicas universalmente reconocidas, que durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una Comunidad Científica”, así apunta sin reservas que: “Mi objetivo fundamental es demandar con urgencia un cambio en la percepción y la evaluación de los datos conocidos”. Y así es, un conformador de un común relativo a una comunidad sin posibilidad de establecer verdades objetivas. Recordemos sus palabras: “Quizás haya alguna manera de salvar la idea de ‘Verdad’ para su aplicación a teorías completas, pero esta no funcionará. Creo yo que no hay un medio, independiente de teorías, para reconstruir frases como ‘realmente esta allí’; la idea de una unión de la ontología de una teoría y su correspondiente ‘verdadero’ en la naturaleza me parece ahora, en principio, una ilusión. Parece que aquellos constructores de ilusiones percibidas no dejan de calificar como iluso lo no alcanzado por su diversidad funcional en el presente histórico que habitan. Parece más consecuente pensar que su presente, el que se conforma de forma relativa a sus usos, dotándole de ficticias realidades, no tiene la capacidad de desarrollar otras destrezas intelectuales. Para nuestro particular y sin poder entrar en tan pocas líneas en este pasado, atenderemos a la concepción histórica de un proceso que prepara a un estudiante [persona] para ser miembro de una comunidad en particular, en la que se espera que despliegue con continuidad las prácticas y hábitos adquiridos para el conjunto de realizaciones científicas universalmente reconocidas por las personas adscritas a su misma estructura. Esta concepción compartida es a la que denominamos paradigma y es fruto del acuerdo entre los miembros sujetos a una misma actividad normativa y de las directrices de la práctica científica que validan las hechuras sociales que se derivan de su actividad. Pero ¿Cómo procesa la materia la vida? ¿Por qué las comunidades humanas insisten en gobernar lo pensado?


¿A quién me quejaré del cruel engaño,

arboles mudos, en mi triste duelo?

¡Sordo mar, tierra extraña, nuevo cielo!

¡Fingido amor, costoso desengaño!7

Sujetos que os encerráis en el complejo entramado de la vida; que aquí os ocultáis [ocultaréis] tras categorías no formadas por la terrible carencia de actividad humana; mutiladas por el deseo de una existencia sin hechuras, sin hacederos para un lenguaje que desprenda de vuestro silencio una molécula de aire, que vitalice al resto de reinos que viven fuera de tu apnea; reinos a los que no les hace falta tu proposición, tu pretérito abnegado a las dudas de algunos regentes, pilares del pensamiento mecánico. Abocados a condenaros; seres, a vosotros que os custodian, a todos los constructores de espíritus que con ellos lográis abstraeros hasta lo concreto de mi materialidad, hablarme.

Sé que mi palabra se debe a otras en ti, cuerpos sin cognos, No sé los lugares, los haceres, las formas, las funciones; sé que no es razón sin ti y sin mí, sin cuantificar la primera, segunda y tercera persona del plural no hay mundo ideal, Proclo8, mundo que nace de la complementariedad colectiva de un conjunto orgánico [organizado] para representarse en todo menos en mí, sujeto sin plural.


Para dialogar sobre la relación que vincula nuestra actividad metabólica con las formas de lo pensado, debemos recurrir al ejercicio de la práctica normativizada por la ciencia encargada al estudio de los fenómenos orgánicos: la biología; y discurrir entre el entramado lógico operacional de la dialéctica sobre la naturaleza.

Las actividad recogida en la práctica biológica ha sido desarrollada, construida, sobre los pilares del paradigma cartesiano. La linealidad, el reduccionismo y la mecanización de objetos y sujetos, de procesos y dinámicas, es un sello de identidad de las ciencias biológicas. No solamente se hace referencia a las categorías discretas que conforman el núcleo descriptivo de la biología, en torno a compartimentos estancos definidos artificialmente como genes, organismos o especies. Tampoco al conjunto de narrativas fantásticas derivadas del darwinismo en función al imaginario competitivo elaborado sobre el liberalismo brutal de la “selección natural”. Los principios cartesianos abarcan toda la biología, incluyendo la descripción de los seres vivos como máquinas de supervivencia perfectamente engranadas, autómatas complejos en su contenido, pero cuyo comportamiento es estrictamente lineal.

Dicho comportamiento, que abarca desde la capacidad de movilidad quimiotáctica de las bacterias hasta los instintos “innatos”, pasando por los modelos celulares ligando-receptor, son descritos como cadenas sencillas en las que se originan fenómenos espectaculares a partir de mecanismos extremadamente simples. La vida, en este sentido, no es más que un enorme número de piezas de dominó perfectamente alineadas, donde la caída de la primera ficha genera un patrón sorprendente a través de un mecanismo tremendamente sencillo.

Esta visión cartesiana y mecánica de la vida abarca tanto a la consideración de instrucciones estrictamente codificadas (que pasan a entenderse como la “información biológica” bajo la etiqueta atomista del “gen”) como la profunda limitación del sistema para tomar decisiones, en sus grados de libertad y su capacidad de procesamiento de la información. Existen infinidad de ejemplos sobre esta concepción simplista de la vida y sus dinámicas, desde el plano ecológico al molecular. En este último, basta con citar el modelo receptor-ligando sobre el que se articula buena parte de la citología. La idea es extremadamente simple, por complejas que puedan ser las rutas en función al número de pasos y elementos participantes. Una molécula determinada (ligando) llega hasta un receptor de membrana específico, la conformación de este último se modifica con la unión ligando-receptor, induciendo una cascada de reacciones enzimáticas (proteínas G, etc.) desde la membrana hasta el núcleo, donde se inicia la transcripción de aquellos paquetes de información (genes) que se traducirán en proteínas destinadas a compensar el estímulo recibido.

No obstante, existen importantes razones para pensar que estas descripciones lineales, reticuladas en algunos casos más recientes y afortunadamente más complejos, contienen carencias elementales a nivel de la teoría de la información. Previamente se ha hecho un esfuerzo por categorizar aquellos canales por los que fluye la información de acuerdo con el concepto de “bucle organismo-ambiente”, no obstante, aún falta caracterizar aquellos elementos esenciales que, por definición, introducen la capacidad inherente de los sistemas biológicos para tomar decisiones, de tener una “consciencia” en el sentido aportado por Humberto Maturana: los sistemas de procesamiento.

No debemos olvidar la dificultad que acumulan la mayor parte de las formas lógicas para describir los procedimientos vinculados a la sistematización de los procesos biológicos y subsecuentemente de las estructuras que de él se emanan. Esta carencia por parte de la ciencia de la lógica cobra mucha relevancia cuando se trata de elaborar una teoría general sobre el conocimiento, pero señala su mediocridad cuando pretende subsumir a su forma la realidad material de los sucesos orgánicos y su diversidad de escenarios metabólicos.

Si insistimos en esto, lo hacemos para intentar establecer una teoría general sobre los procesamientos de información asociados a la función orgánica, en una labor por desarrollar la lógica asociada a un materialismo dialéctico contemporáneo, que incorpore los hechos conformados durante el recorrido de la historia natural al desarrollo de la ciencia. Esto es lo que debería señalar a la dialéctica como una ciencia [episteme] y no como un método, obligándonos a reelaborar los articulados fundamentales de las formas lógicas que nos permiten conocer; estableciendo el recorrido desde lo abstracto a lo concreto y no a trasladar una herramienta metodológica a otras áreas del saber.

Creamos un conjunto de relevancias que sitúan al procesamiento de información como un elemento de síntesis. Lo hacemos porque esto no obliga a determinar lo abstracto, todo el conjunto de señales que se derivan de este procesamiento como una variable concreta para el conjunto de actividades metabólicas subsecuentes a todo procesamiento orgánico. La formación de la idea como categoría propia del procesamiento de los cuerpos orgánicos, de los cuerpos pensantes; ¿no podemos encontrar lo ideal en la fisiología material? ¿Podemos determinar la objetividad de la idea [semiología ordenada] conformada durante un proceso?. Lo ideal, es objetivo, no es subjetivo. La dificultad principal es determinar su topología, identificar su propiedad corpórea, material, que hace de este constructo una materialidad que permanece inalterada a lo largo de transformaciones continuas, el orden que ocupa para la estructura racional, para el conjunto de acciones que nos permiten identificar los conceptos sobre los que diseñamos nuestro marco lógico. Esta construcción de lo ideal, como un procesamiento del conjunto ordenado de materia, existe como la forma que deja la actividad orgánica en los productos pensados [procesados]. El pensamiento se objetiva en el lenguaje, que es desde donde se establecen el conjunto de formas lógicas. Hay que obligar al conjunto de categorías a ocupar el mismo espacio, el mismo topo.

Se entiende que los sistemas biológicos pueden ser desgranados en varios componentes, subsistemas, que en general pueden asociarse a elementos bien descritos en la biología actual (aunque quizá sus roles deban ser reconsiderados en función a los siguientes planteamientos). Se considera que, en lo referente al manejo de la información, los sistemas biológicos están construidos por 1) sistemas de recepción y comunicación interna del mensaje, 2) sistemas de procesamiento de la información, 3) sistemas de almacenamiento y codificación y 4) sistemas efectores. En este sentido, la recepción, el almacenaje y la ejecución cuentan con elementos reconocibles desde el plano molecular (receptores celulares, ácidos nucleicos, “epigenética” en sentido amplio, etc.) y organísmico (órganos de los sentidos, corteza cerebral, contracción muscular, etc.), pero, ¿qué ocurre con los sistemas de procesamiento de la información más allá del nivel neuroendocrino? Negar una capacidad elemental de procesamiento, de evaluación y decisión en función a variables complejas, es condenar a los seres vivos (salvo la excepción de los animales cerebralizados) a una condición mecánica, a ser autómatas cartesianos basados en la “ley de acción y reacción”. Así pues, ¿existen sistemas infracelulares de procesamiento de la información? ¿Dónde se ubican? ¿Cómo actúan? Y, sobre todo, ¿qué relevancia tendrían sobre nuestra comprensión de los fenómenos orgánicos, especialmente la evolución?

Identificar un procedimiento procesal de la materia como al conjunto ordenador de los procesos orgánicos, determina la proactividad del desarrollo teórico a un escenario coordinado de sujetos con capacidad de distribuir la totalidad de la forma pensada y articularla a través de una función escalar. Un lenguaje escalar en el que se objetivan las formas procesadas por el metabolismo. Un pensamiento orgánico que se objetiva de forma fraccionada, racionalizada, para el establecimiento de un conjunto lógico como síntesis de una historia natural. La dialéctica de la materia se articula en función a un procesamiento que no recae sobre la identidad lógica de un “cuerpo pensante”, de un todo, de un ser, de la idea universal, como señalara Hegel, aquella que no puede tener ninguna otra determinación; es igual sólo a sí misma y, por tanto, es la pura indeterminación y el puro vacío. En la naturaleza existe el principio de contradicción para todos los fenómenos orgánicos, pero esta contradicción no consiste en que el fenómeno preserve los principio asociados a un sujeto, a un ser, como plantea Hegel, sino en que sea y no sea bajo un volumen diferenciado de materia constituyente. No es mediante el ser conformado donde se desarrolla el principio lógico, es la naturaleza material la que determina el principio lógico.

La introducción de procesadores en el tránsito de la información es un salto conceptual enorme. La vida deja de ser una máquina bien engranada para ser un sistema lógico, capaz de evaluar señales y emitir respuestas adecuadas en función a un programa. Más interesante sería el hecho de considerar que dicho procesamiento es capaz de modificar activamente las especificaciones del programa almacenado, de “aprender y recordar”, mediante el sistema efector. Evidentemente, aquí se está considerando la acción dirigida (y aún hoy vagamente entendida) de los mecanismos selectivos de metilación epigenética y de los sistemas de potenciación evolutiva (hipermutación general y localizada, movilización de elementos móviles y virus endógenos, incrementos en la tasa de transferencia horizontal), y, por qué no, de otros mecanismos cuya incertidumbre es aún mayor. Existe un enorme conjunto de evidencias que avalan la importancia evolutiva de estos fenómenos de respuesta activa en las más importantes transiciones biológicas, dando una explicación material y causal que armoniza con las pruebas fósiles y la robustez de los sistemas biológicos, aportando un punto de inicio fundamental para recuperar la noción de los organismos como sistemas informacionalmente abiertos, como sujetos activos de su propia evolución. Sin embargo, aún quedan muchas dudas por despejar ¿qué dispara la liberación de unos mecanismos (o elementos) u otros? ¿se trata de una respuesta mecánica o existe un procesamiento, una “decisión” sobre la regulación de los mismos por parte de las células? En cualquier caso, el procesamiento de la información sería un elemento clave para poder determinar el origen de comportamientos y estructuras extremadamente complejas y sutiles, cuyo análisis actual queda pobremente enmarcado dentro de la sociobiología darwiniana y sus narrativas fantásticas, y cuya efectividad es tan fina que difícilmente puede considerarse producto de ningún fenómeno que no sea elementalmente instructivo y dialéctico.

Nos vemos en la necesidad de establecer el diálogo sobre la soberanía del conocimiento, sobre el recorrido de la ciencia como un desarrollo de la historia natural, sobre aquellas formas lógicas que nos permiten establecer un nuevo marco de actividades que fortalezcan los escenarios vinculados a la lucha de los oprimidos. Establecer, mediante el desarrollo de la ciencia, un instrumento de empoderamiento ciudadano, en uso y propiedad. Para que un nuevo fantasma recorra Europa. Pero ésto, lo dejamos para otro articulo.

Rubén González y Daniel Heredia


Algunas lecturas de referencia:

  1. Edwald V. Iliénkov. “Dialéctica de lo Ideal”. https://www.marxists.org/espanol/ilienkov/dialectica-de-lo-ideal.pdf

  2. Edwald V. Iliénkov. “Tres siglos de Inmortalidad”. https://www.marxists.org/espanol/ilienkov/tres-siglos-de-inmortalidad.pdf

  3. K. Marx. “El Capital”. http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital.htm

  4. Hegel. “La Ciencia de la Lógica”. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3966690.pdf

  5. Humberto Maturana. “El árbol del conocimiento”. https://docs.google.com/file/d/0B3biPk8dPbCxcHFuYnZIbk8yUEE/view

  6. Juan Manuel Olarieta. “Lysenko, La teoría Materialista de la Evolución”. https://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/trip/lysenko.html

  7. Karel Kosic. “Dialéctica de lo concreto”. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2881150.pdf

  8. Thomas S. Kuhn. “La estructura de las revoluciones científicas”. http://www.conductitlan.net/libros_y_lecturas_basicas_gratuitos/t_s_kuhn_la_estructura_de_las_revoluciones_cientificas.pdf

  9. F. Engels. “La Dialéctica de la Naturaleza”. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dianatura/index.htm

  10. F. Engels. “La Revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring (“Anti-Dühring”)”. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/index.htm

  11. Joseph Ferraro. “Lukács y la Dialéctica de la Naturaleza de Engels”. http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/polis/cont/20002/pr/pr13.pdf


2 Invitamos a que se vuelvan a releer este último párrafo si ha podido parecer un salto en la continuidad de lo expuesto y pedimos disculpas de antemano si en estos apuntes hemos tendido a una explicación abreviada sobre un tema que merece de una continuidad argumental mas extensa.
4 El metabolismo (del griego μεταβολή [metabolé], ‘cambio’) es el conjunto de reacciones bioquímicas y procesos físico-químicos que ocurren en una célula y en el organismo. Estos complejos procesos interrelacionados son la base de la vida a escala molecular, y permiten las diversas actividades de las células: crecer, reproducirse, mantener sus estructuras, responder a estímulos, etc. Enciclopedia Médica.
5 Materia es la multiplicidad infinita de todos los fenómenos, objetos y sistemas existentes, es el substrato de todas las diversas propiedades, relaciones, interacción y formas de movimiento. La materia se revela a través de sus diversas propiedades e interacciones; El hacerse conocedor de estas significa hacerse conocedor de la misma. En consecuencia entenderemos que la conciencia es un producto de la materia.
6 Definición de ciencia. Ernst Mach, Populare Scientific Lectures (Chicago, 1895), p. 197. La misma idea se ha elaborado por Karl Pearson, The grammar of science, Londres, 1937.
7 Luis Cernuda. Extracción de versos de Ariadna. Sonetos clásicos sevillanos.
8 Filósofo neoplatónico griego, el representante más importante de la escuela neoplatónica de Atenas, junto a Plutarco de Atenas, Siriano (sucesor de este último), y Domnino.
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